9 claves para desarrollar resiliencia y antifragilidad

Elementos esenciales para generar energía en el proceso de diseño y co-creación. De la resiliencia a la antifragilidad.


No siempre es posible predecir los eventos que nos afectarán como personas, organizaciones, países o como humanidad. Pero si es posible determinar el nivel de sensibilidad frente al daño que puedan causarnos (fragilidad), generar una seria de estrategias y recursos que nos faciliten superar las adversidades (resiliencia) y crecer gracias a ellas (crecimiento postraumático).

Usualmente hablamos de la resiliencia como esa capacidad deseable en las personas para hacerles frente a las adversidades y superarlas. También hablamos de resiliencia organizacional como la capacidad de reinventar dinámicamente los negocios y estrategias a medida que las circunstancias cambian. Sin embargo, otras posturas afirman que podríamos no solo sobrevivir a pesar de las adversidades, sino transformarnos y crecer gracias a ellas, esto es la antifragilidad.

Esta capacidad, planteada por Nassim Taleb (autor de la teoría de los cisnes negros, aquellos hechos bastante raros e imprevisibles que tienen grandes impactos), podría considerarse como un mecanismo que permite a un sistema regenerarse constantemente aprovechando las crisis imprevisibles, los estresores y la volatilidad en lugar de padecerlos. Taleb afirma que esta propiedad se encuentra detrás de todo lo que ha cambiado con el tiempo: la cultura, las ideas, las revoluciones, los sistemas políticos y la innovación tecnológica.

Este concepto de anti-fragilidad pareciera ir en contravía de la necesidad y propensión humana hacia la seguridad y la certidumbre, como lo afirma Daniel Kanheman (psicólogo ganador del premio Nobel de economía), quien menciona que estamos diseñados para evitar el estrés y las tensiones. Es así como buscamos constantemente minimizar el azar, el caos y el temor que esto nos genera en nuestras vidas, tratando de normalizar las situaciones que son inesperadas e imprevisibles.

Aunque beneficiarnos de la incertidumbre y la adversidad no es algo que naturalmente queramos o busquemos hacer los seres humanos, si podemos verlas como maestros de vida a través del crecimiento postraumático. Esta característica se desarrolla como resultado del aprendizaje a partir de la exposición a un trauma o crisis, donde se genera un cambio positivo que lleva a la persona a una situación mejor de la que se encontraba antes del suceso. Esto se da en buena medida gracias a las emociones negativas y estrés que se experimentan durante la experiencia adversa, lo que lo hace un concepto cercano a la antifragilidad.

Otra característica importante de la antifragilidad, es la necesidad de exponerse a ciertas dosis de estresores para sobrevivir y desarrollarse. Por ejemplo, los músculos se debilitan y atrofian si estamos inactivos durante varios meses, pero se desarrollan si los ejercitamos imprimiéndoles cierto grado de estrés o tensión. De otro lado, el miedo es necesario para la supervivencia ya que desencadena una respuesta de "lucha o huida", con la que el cuerpo busca protegerse de posibles peligros.

Es así como las acciones que emprendemos para controlar todos los posibles riesgos, disminuir la incertidumbre y evitar las adversidades han fragilizado los sistemas. Por ejemplo, fragilizamos la operación interna de las organizaciones al definir procesos muy estructurados y varios niveles decisorios que minimicen los riesgos. Esto resta agilidad, autonomía y creatividad en la gestión; creando escenarios sobreprotectores donde las personas difícilmente crecerán y desarrollarán sus potenciales, aunque posiblemente se sientan más seguras. Esto es lo que Taleb llama la tragedia de la modernidad: “Al igual que los padres tan sobreprotectores, quienes más nos intentan ayudar son quienes nos terminan perjudicando”.

Mientras que lo resiliente aguanta choques y hace frente a las adversidades, el crecimiento postraumático se beneficia de ellas, aprovechando el estrés y el desorden para florecer.

Resiliencia y antifragilidad como elementos de la co-creación En los procesos de creación e innovación siempre se encuentra inmersa una cierta medida de volatilidad e incertidumbre. Aprender a vivir en un mundo que no siempre entendemos, no sentir miedo a trabajar sin tener todas las variables claras y atrevernos a afrontar nuestra ignorancia y humanidad, inicia reconociendo que somos vulnerables. (Vulnerabilidad, el nuevo superpoder)

Construir equipos no solo resilientes sino antifrágiles, enriquecerá y facilitará el proceso de co-creación, ya que todos estaremos orientados a aceptar, aprovechar y capitalizar los escenarios desconocidos y veremos el error como necesario y deseable, lo que nos llevará a ser más arriesgados y ambiciosos con nuestras propuestas y a asumir riesgos con audacia.

Nueve claves nos facilitarán la construcción de la resiliencia y anti-fragilidad necesarias para crear de manera colectiva.

1. Las relaciones son lo primero



Uno de los principales factores que influencia la resiliencia es la calidad de las relaciones interpersonales; de hecho, una de las características asociadas al crecimiento postraumático es el experimentar mayor compasión y empatía por otros después de un suceso adverso. La interacción positiva con las personas que más nos importan es vital para crear un escenario donde nos sintamos seguros y motivados a dar lo mejor de nosotros mismos. Esto alimenta el sentimiento de pertenencia y de comunidad, la disposición de ayudar a otros y de beneficiarse con su apoyo cuando sea necesario.

2. Descubrir con agilidad y actuar rápidamente



Aunque no tengamos claridad absoluta sobre todas las variables que inciden en una situación, será vital no enfrascarnos en tratar de entenderlo por completo, utilizar herramientas ágiles de diagnóstico y avanzar con el par de cosas que logremos descubrir. Luego podremos hacer ajustes por el camino de acuerdo con nuestras experiencias en lugar de quedarnos paralizados. (Procesos de Diagnóstico con Visual Thinking)

3. Menos es más



Definir reglas muy simples ayuda a la fluidez del proceso creativo: mantener estructuras sencillas, donde las decisiones se toman rápidamente y se ejecutan al instante. Es mucho más sencillo modificar un sistema simple que uno muy robusto o complejo, se requerirá menos tiempo en el cálculo del impacto de los movimientos y cambios que deban realizarse para ajustarse al entorno o a las circunstancias.

El tamaño de los sistemas y proyectos también impactan su simplicidad: en lugar de contar con un sistema grande donde un problema en un punto puede paralizarlo todo, resulta más beneficioso distribuir un proyecto en cuatro o cinco más pequeños donde los errores tienen bajo impacto, pueden arreglarse fácilmente y se aprende más rápidamente.

4. Predecir todo es imposible



Aunque prever todo no es posible, usualmente estamos enfocando buena parte de nuestras energías en tratar de hacer predicciones basados principalmente en conocimientos y puntos de vista del pasado. Pero si estamos atentos a lo que sucede a nuestro alrededor podremos generar alertas tempranas sobre muchas cosas. Algunas estrategias útiles para estar ampliar nuestra mirada son: consultar con personas sintonizadas con el futuro que entienden las implicaciones menos positivas del modelo de nuestro negocio y de otros sectores, indagar a usuarios que no consumen nuestros productos o servicios y revisar las propuestas que surgen desde todos los niveles de la organización.

5. Considerar lo peor y esperar lo mejor



Identificar y preocuparnos por los máximos riesgos a los que podemos vernos expuestos nos prepara para los demás y nos permite vivir más tranquilos. Empeñarnos en tener cada vez datos más detallados para solucionar las cosas, puede impedir que veamos sucesos enormes que se nos vienen encima. Taleb menciona que la vieja fórmula del 80 -20 es más bien un 99-1: con un 1% de modificación en los sistemas, enfocándose en la adversidad más grande posible, puede modificarse la fragilidad en un 99%. Considerar lo peor que puede pasar frente a nuestro desafío de creación y plantearnos como podemos hacerle frente, nos facilitará ajustarnos colectivamente a los imprevistos pequeños del día a día y concentrarnos en el desenlace positivo.

6. Lo natural de la incertidumbre



Sin duda la madre naturaleza es la principal gestora de cisnes negros, constantemente reorganiza y selecciona sin mayores contemplaciones. De hecho, la imprevisibilidad parece ser un elemento fundamental de las cosas verdaderamente importantes de nuestra vida. Entender como parte natural del desarrollo de las cosas a la volatilidad, la aleatoriedad, la incertidumbre, el desorden, los errores, los estresores y el caos es el primer paso para no padecerlos, lograr sortearlos y hasta llegar a beneficiarse de ellos. Tengamos siempre presente que lo que hacemos hoy tarde o temprano se desgastará y quedará atrás, solo que no sabemos con certeza cuándo sucederá.

7. Promover la incertidumbre y los estresores



Cuando etiquetamos algo como frágil, queremos que goce de paz y tranquilidad y lo protegemos de cualquier suceso (interno o externo) que pueda perturbarlo. Pero dejar algo de estrés e incertidumbre en nuestro sistema lo impulsará a retarse, seguir adelante y salir exitoso. Recordemos que la aleatoriedad del caos es necesaria para el surgimiento de cambios e innovaciones reales, y no debemos intentar calmar los ambientes volátiles y antifrágiles porque esto solo los debilita. Por ejemplo, la competencia incentiva la revitalización continua y su ausencia nos crea una falsa y peligrosa sensación de poder y seguridad.

8. La estrategia de las opciones



Una táctica efectiva para construir resiliencia y anti-fragilidad es tener múltiples opciones que nos permitan ganar más de lo que podemos perder. Por ejemplo, si tenemos nuestros ahorros distribuidos en varios fondos de inversión y la mayoría los tenemos en riesgo bajo, al llegar una crisis económica no perderemos tanto como si hubiéramos invertido todo en un solo fondo de alto riesgo, mientras ganamos permanentemente.

Las organizaciones resilientes cuentan con una gran cantidad de estrategias y apuestas menos costosas que solo un par muy costosas, lanzan una serie de experimentos de bajo riesgo sin perder su foco. Lo fundamental es siempre tener opciones. Si no las tenemos, nos veremos obligado a aceptar cualquier trato o cualquier condición.

9. Características personales



La co-creación se facilita cuando construimos escenarios donde se promueve el desarrollo de múltiples habilidades y conocimientos ampliando el campo de experticia de las personas, y se cultivan tres características esenciales:

Compromiso:

Ser capaz de tomar responsablemente decisiones congruentes con los principios y valores, implicarse y no permanecer como un simple espectador.

Control:

Pensar y actuar con la convicción de que son ellos, y no la casualidad o los demás, quienes deciden o pautan el curso de los acontecimientos.

Reto:

Asumir el cambio y no la estabilidad como algo bueno, ver en las dificultades una constante oportunidad de crecimiento y mejoramiento más que un peligro o amenaza.

De otro lado, los líderes de las iniciativas de creación deben gestionar no sólo desde los datos y las certezas sino con la intuición y las dudas, escuchar y facilitar más que hablar y dirigir de arriba-abajo.

Estos nueve elementos refuerzan la capacidad colectiva de resiliencia necesaria para el proceso de co-creación: cohesión, comunicación franca y reafirmación de un sistema de objetivos comunes.

La creación colectiva necesita de la resiliencia, antifragilidad y crecimiento postraumático de las personas y los equipos: utilizar herramientas ágiles para identificar las variables sin esperar poder prever todo, contemplar el peor escenario posible y responder a los riesgos pequeños del día a día, cultivar la capacidad de actuar rápidamente en contextos inciertos cuando aún no tenemos todas las variables claras, mantener una curiosidad constante que nos lleva a entender desde múltiples fuentes lo que sucede en nuestro entorno, generar múltiples opciones, establecer sistemas simples y considerar la familia extensa del desorden como parte del proceso.

Te invitamos a establecer el nivel de resiliencia y antifragilidad de tu equipo/organización, aunque no puedas predecir todos los contratiempos que se presentarán en el proceso de diseño, podrás identificar los elementos que debes fortalecer para reducir la fragilidad y aumentar la resiliencia. 


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